Últimamente, si uno lee periódicos como El País u otros, pareciera que las start-ups sean el tipo de empresa que más merece la atención (y admiración de los medios). Frente a la pregunta ¿ser rey o ser rico? Los fundadores de start-up tienen claro que prefieren crecer a un ritmo vertiginoso para ser pronto comprados por muchos millones frente a la opción de ser el rey: establecerse poco a poco y dominar un mercado. Esta segunda opción queda para las pymes, que en origen son en su mayor parte una forma de autoempleo de sus fundadores. Este tipo de empresas o reyecillos supone, por cierto, más del 90% de empresas españolas. En el modelo start-up hay lugar para el crecimiento rápido pero no para el cuidado ni el esmero: necesitan crecer tan rápido que no se preocupan por sus empleados, no se esmeran en atender a cada cliente, uno por uno. Eso queda para nosotros, las pymes. Nosotros sí tenemos ganas y voluntad.

Karin Blanco

Cofundadora

En su libro Start with Why Simon Sinek argumenta que para que las personas y empresas se mantengan alineadas con sus objetivos deben comenzar por preguntarse el por qué lo hacen, para seguir con el el cómo y el qué solo cuando tengan el primero bien delimitado.

Hace unos años que se considera que toda empresa debe publicar cuáles son su misión y su visión. Dice Sinek, y lo comparto, que dichas argumentaciones pueden no ser más que palabras vacías si no se aclara primero el por qué se existe.

Aquí es cuando llego a nuestro propio porqué. ¿Por qué hace cinco años fundamos una agencia de servicios lingüísticos en lugar de cualquier otro negocio?¿Por qué quisimos ser un factor más en un sector muy competitivo y con márgenes de beneficio bastante reducidos? Porque se trataba de nuestro campo de especialización. El lugar donde aplicar conocimientos obtenidos durante años de experiencia. Para crear para nosotros mismos y para nuestros empleados un empleo donde ser realmente buenos. Aquí vienen el cómo y el qué. Prestamos servicios lingüísticos: traducción, interpretación, subtitulación. ¿Cómo? En la manera en que nos gustaría que una agencia como la nuestra lo hiciera si estuvieramos en el lugar del traductor por cuenta propia (respetando su trabajo, pagando tarifas justas a tiempo) o del cliente (asesorándole antes de realizar el encargo, potenciando sus textos para que logre el objetivo para el que han sido redactados).

Karin Blanco

Cofundadora